martes, 2 de marzo de 2010

¿Y AMERICO?

Se apagó abruptamente la luz, todos estábamos en distintos lados cuando la tierra se movió. Y vaya que se movió.

Vi algunos minutos por televisión el show del grupo La Noche en el Festival de Viña del Mar, luego comenzó una normal jornada de trabajo en medio del carrete viñamarino. Por eso no supe nunca que fue de la presentación del señor de las cuatro décadas, Arjona. Eso fue todo.

Es chocante ver ahora a Soledad Onetto leyendo noticias o haciendo despachos, como en sus primeros tiempos y a Felipe Camiroaga en un tono sobrio, compartiendo el set del Buenos Días a Todos en TVN con Katherine Salosny, como siempre.

Digo chocante por el brusco cambio que sufrió la televisión. Cuando todos estaban concentrados en la coronación del rey feo, y la apuesta que hizo mi ex amiga Tonka, de tirarse al agua con Américo si éste ganaba el cetro, todo cambió de repente. El glamour de los animadores del Festival, las tenidas de Felipe, los vestidos de “la Sole”, los comentarios sobre el jurado, la final de la competencia internacional y cuanta cosa es digna de pelambre en los programas faranduleros, pasaron al olvido.

No hubo piscinazo de Américo, no supimos nunca si Tonka se metería al agua con él. No tocaron los Fabulosos Cadillacs, ni Beto Cuevas. No hay resultado conocido acerca de la competencia. No hubo noche final del Festival.

Pero me preocupa algo en particular.

Podría asegurar que este Sábado Américo debió tener agendado al menos un par de conciertos en algún lugar del país. Me atrevo a especular sobre como habrían aumentado las ventas de sus discos el mismo día 27 de Febrero y, sobre todo el Lunes 01 de Marzo, inicios de mes en que se disponen de algunos pesitos demás como para tener en casa el material de este nuevo astro de la canción tropical en Chile.

Sin duda hay innumerables pérdidas asociadas al Festival de Viña, contratos publicitarios, satélite, indemnizaciones, entradas vendidas, etc. Pero lo que más me duele es que esta figura nacional, capaz de plantar el mejor show chileno que he visto en mucho tiempo sobre ese escenario, haya pasado al olvido tan rápidamente.

Estoy seguro que habría seguido siendo portada de diarios durante estos días si nada hubiera pasado. Sería número puesto de casi todos los programas de televisión que se inician en esta temporada.

Me importa un carajo que la teleserie que canal 13 le trató de meter a la gente con vaselina durante el evento festivalero, haya desaparecido por un tiempo. De hecho, lo agradezco. Pero no me imagino a Américo, abrazando sus dos antorchas y sus dos gaviotas, solo, en su hogar, descansando y viendo por televisión como Chile se hizo mierda en un día.

Muchacho, la gente no te ha olvidado y yo tampoco. Este es el momento, ahora tienes que devolver la mano, ahora es cuando vas a cantar gratis para recolectar ayuda para todos los sectores en problemas. Si tu manager es un maestro, pues entonces, antes de llevarte a Miami, te hará participar en todos los eventos destinados a ayudar a los que están pasándolo mal y serán miles de antorchas y gaviotas las que te llevaras al iniciar tu carrera internacional, y la gente no te habrá olvidado y recuperarás el protagonismo que tuviste y que mereciste tener.

No te pongas triste, nadie te ha dejado en el olvido, es sólo que el país de un momento a otro tuvo que cambiar los planes.

Por eso, si Soledad y Felipe se pusieron el overol para informarnos y trabajar en sus respectivos medios, sin glamour y en pocas horas, tu debes hacer lo mismo. Eso te hará más grande. Pero por favor no grites “¡a morir!”, no todavía.


lunes, 1 de marzo de 2010

BANDERA MAL PUESTA


Cuando todo el país está pendiente de la tragedia que nos está envolviendo, los medios de comunicación tienen un protagonismo particularmente importante. En ese sentido, a veces achaca un poco ver una y otra vez las terribles escenas que nos muestra la televisión, las mismas cuñas de la población afectada que, en el fondo, nos sensibiliza pero a la vez nos hace sentir a los menos afectados, que estamos bendecidos, o tocados por una varita mágica, o que simplemente, este no era nuestro minuto.

Con los ojos medio nublados, despertando de una jornada de Sábado tan diferente a las que estoy acostumbrado, logré captar (creo que en la mañana de Domingo) en la televisión , que se reunía en la Moneda el Comité de Emergencia Nacional, una instancia que me imagino tiene por objeto reunir a las autoridades de gobierno y militares, además de otras instituciones ligadas a emergencias, con el fin de coordinar asistencia primaria y luego el “post - emergencia”, o sea, la reconstrucción.

Cuando toda la prensa esperaba a la vocera de Gobierno Pilar Armanet, o a la Presidenta Bachelet para que, en una pequeña conferencia de prensa anunciara las medidas que se tomarían, cogí mi cámara y registré lo más rápido que pude, (aunque no tengo buena recepción del canal TVN) un impresentable error. Justo en la toma aparece, entre muchos periodistas expectantes, el ya legendario periodista de Canal 13, Pablo Honorato, y al fondo, en el fin de la escalera, una imponente figura de nuestra Bandera Nacional. Parece ser una pintura o una gráfica un tanto extraña, en donde se puede apreciar el fondo azul de la estrella, como destiñendo el blanco de nuestro emblema. Eso me hizo pensar que no era precisamente un paño o un genero, es decir, no me pareció una bandera propiamente tal.

Pero el problema no es ese. El problema es que, al interior de nuestro Palacio de Gobierno, en donde nuestro emblema patrio es digno de cotidianos homenajes, se encuentra mal presentado. Sea una pintura, una fantasía, un género, un holograma o una proyección virtual, da lo mismo. Nuestra Bandera Chilena siempre se presenta con la estrella blanca en el ángulo superior izquierdo para nuestra vista, incluso si su posición es vertical. Siempre la estrella en el lugar en donde tu navegador tiene escrita la palabra “Archivo”. Un detalle menor para todo lo que está viviendo el país y que, por lo mismo, a nadie le importa. Pero sin duda no puede pasar inadvertido, sobre todo si el mal uso de nuestra bandera, aunque sea su mala posición, está castigado por ley.

EL TSUNAMI QUE NO FUE

Caminaba tranquilo hacia una panadería a comprar pan para improvisar un almuerzo, pero no porque no hubiese que comer, sino que solamente por flojera.

Mientras en mi canasto echaba unas hallullas, un tipo ingresa a la panadería diciendo no con mucha calma, que en quince minutos más el mar se subiría. Aclaro que esto fue en la calle Las Heras, pleno centro del puerto. El caos se apoderó del local, fui a pagar el pan, la cajera muy nerviosa me dio el vuelto rápido como para que yo me fuera de ahí pronto. En ese momento, una de las niñas lloraba desconsolada pidiendo que le facilitaran llamar a un familiar para que subiera (el tema era subir, no importa dónde), mientras otra, tan o más desesperada, se colgaba de la cortina tratando de cerrar el negocio por sus medios anunciando que se iba, que no le importaba nada.

Renunciando ya a seguir comprando algo más, para juntar con el pan en el “almuerzo”, volvía a mi casa creyendo la información y en alguna medida víctima del pánico. En un abrupto cambio de planes me dirigí a una comisaría cercana, mientras consultaba y me negaban cualquier novedad respecto a un próximo tsunami, el dueño de la panadería donde había estado aparecía detrás mío acompañado de una de las alarmadas empleadas. Carabineros le daba la misma respuesta que a mi. Tranquilo yo y tranquilo él, salimos del recinto policial. En ese trayecto, volví a caminar en dirección al supermercado y pude ver al caballero abriendo nuevamente las cortinas de su negocio y seguramente, informando a sus desesperadas trabajadoras. Todo parecía tranquilo, pero las personas miraban con un rostro de desconfianza hacia todas direcciones, como esperando que la bomba noticiosa reviente para largarse a correr hacia el cerro.

El supermercado lucía algo más oscuro que de costumbre, la desconfianza se respiraba. Tomé una bandeja de carne molida, y con mucho esfuerzo, pues no quedaban casi, un par de botellas de agua mineral sin gas. Las colas en las cajas eran largas, pero yo estaba tranquilo, sólo tenía que esperar.

De pronto escucho voces que gritan: “¡tsunami!, ¡tsunami!, ¡en media hora se sale el mar!”.

Me confundí, pero más me preocupó la cara de algunas personas, sobre todo mujeres. Comenzaron a llorar y a correr, vi cómo dejaban todo botado en caja y salían corriendo del local. Yo trataba de buscar una respuesta oficial, sin desesperarme ni moverme de mi lugar. La cajera que yo esperaba me miró y dijo algo así como “voy a cerrar no más”. Aun así yo quería pagar la carne y las bebidas, pero en plena indecisión, llegó la información que buscaba y así fue como escuché por los parlantes del supermercado: “...a nuestros señores clientes se les informa que deben hacer abandono del supermercado...”. Una voz masculina con inquietante tranquilidad y serenidad, nos decía que nos fuéramos de ahí, como si estuviera ofreciéndonos un chocolate. La respuesta no fue un alivio.

Una estampida de personas, entre las que me incluyo obviamente, salió del local, algunos sin llevarse nada y dejando todo ahí, como lo hice yo, y otros llevándose algo y saliendo por la entrada (sin pagar por cierto).

Cruzando la calle en actitud temeraria, entre vehículos, todos tratamos de buscar el cerro. Desde una micro detenida en Av. Pedro Montt, sus pasajeros miraban confundidos como corríamos, seguramente suponiendo lo que se venía.

Cuando ya trotaba en dirección a mi casa (a pie de cerro), un carabinero motorizado tocaba su bocina insistentemente, moviendo enérgicamente su brazo derecho en señal de un gigantesco “NO”. Cuando pasé por su lado me dijo (como a todos quienes tenía cerca) “no hay tsunami, falsa alarma, no pasará nada”. Casi paralelamente la institución desplegó vehículos policiales por el sector del centro, anunciando por megáfono que no hay noticias de tsunami, que se mantuviera la calma.

Mientras eso ocurría mi familia se comunicaba conmigo para preguntarme que ocurría pues por algunas radioemisoras y por televisión, se comentaba esta alarma y a la vez se desmentía.

Marqué el numero 137, de emergencias marítimas, allí me dijeron que no hay noticias, que no pasará nada. Así pude salir, conectarme a internet desde un ciber, como cualquier día domingo y allí pude leer en el portal del diario local La Estrella, que carabineros de la segunda comisaría había detenido al sujeto que había producido el pánico colectivo al interior de un supermercado. No sé si en el supermercado donde yo quería comprar, pero da igual, allí había estado yo. ¡Qué ganas de patearle el culo a ese hijo de perra!.

Yo pensaba que no me importaría lo que hicieran los demás, que mantendría la calma, pero es diferente cuando uno está ahí y todo el mundo corre...y uno no sabe que va a ocurrir...

Qué bueno que no pasó nada, ya está bueno de desgracias.

MACETEROS


Una paradojal imagen del terremoto. Cuando toda la cáscara del edificio se está cayendo, los maceteros con sus flores intactas, se niegan a entrar en el juego de la naturaleza.